Por favor, para que el texto tenga todo su sentido, recomiendo la lectura desde la entrada más antigua,1.DESDE EL COMIENZO, ya que todo el blog está relacionado. GRACIAS.
lunes, 22 de diciembre de 2036
martes, 7 de mayo de 2013
NOTICIA.
Durante diversas entradas en este blog, he hecho uso del siguiente cuadro de Pinturicchio: "La Resurrección de Jesús". En él, que se ve al papa Alejandro VI presenciando la resurrección de Cristo.
Pues bien..., estos días ha aparecido una noticia muy reveladora. Durante la restauración de este cuadro, oculta, en su fondo ha aparecido la que es considerada la primera pintura de indígenas americanos. Una nueva prueba de que Roma "sabía".
http://www.abc.es/cultura/arte/20130507/abci-vaticano-descubre-primeras-imagenes-201305071143.html
Pues bien..., estos días ha aparecido una noticia muy reveladora. Durante la restauración de este cuadro, oculta, en su fondo ha aparecido la que es considerada la primera pintura de indígenas americanos. Una nueva prueba de que Roma "sabía".
http://www.abc.es/cultura/arte/20130507/abci-vaticano-descubre-primeras-imagenes-201305071143.html
Este pintor va a ser clave a la hora de establecer qué jugada política se escondía tras la figura de Colón, gracias a dos cuadros: "El regreso de Ulises" y la "Disputa de Santa Catalina".
jueves, 21 de marzo de 2013
INDIAS
Antes de abordar la siguiente entrada, es fundamental aclarar el siguiente aspecto: Colón siempre llamó a las tierras por él alcanzadas... “Indias”. Esta denominación se repetirá 87 veces en todos sus escritos, incluido, su testamento:
“El Rey y la Reina, Nuestros Señores, cuando yo les serví con las Indias, digo serví, que parece que yo por voluntad de Dios Nuestro Señor se las di, como cosa que era mía, puedo decir, porque importuné a Sus Altezas por ellas, las cuales eran ignotas y escondido el camino a cuantos hablaron de ellas...” (Testamento y Codicilo de Cristóbal Colón, Documento XC)
Como han podido comprobar en este último texto, Colón habla precisamente de las Indias “ingnotas”, de las Indias desconocidas, de tierras por "descubrir y ganar" que no encajaban dentro de los límites continentales de Asia, dado que este continente no era sólo plenamente conocido, sino que además sus naciones, eran tan o más desarrolladas que las europeas.
Comprobamos pues, que Indias fue el nombre con el que Cristóbal Colón denominaba la hoy conocida Amércia.
Comprobamos pues, que Indias fue el nombre con el que Cristóbal Colón denominaba la hoy conocida Amércia.
Sin embargo..., hay una única ocasión en la que Colón alude directamente a Asia: en la carta que enviara a Alejandro VI.
“Descobrí d´este camino y gané cuatrocientas islas y trescientas e treinta y tres leguas de la tierra firme de Asia”
“ tierra firme de Asia” ¿Por qué? ¿Por qué el Almirante siempre utiliza el término Indias, y sin embargo comunica al Papa que ha conquistado tierra continental de Asia?
Teniendo en cuenta que Roma “sabía”, la respuesta la hallamos en los documentos Miccinelli.
Ya han sido tratados en este blog, pero no está de más recordar lo anudado en el quipu inca que Quipucamayoc Chauarurac mostrara al jesuíta Juan Anello Oliva. Recordemos que según este registro, gente de Asia había arribado al continente americano, y que...
"Allí, hallando las Tierras ocupadas por pueblos constructores de grandes pirámides, bajaron en el siglo XIII más hacia el Sur, donde chocaron con los belicosos habitantes de las costas, quienes deponían las armas sólo cuando bajaban de las alturas hombres de estatura diferente, es decir casi dos veces la de ellos, de tez blanca, cabellera tupida y cara cubierta de barba de color de oro. De aquí nació la ingenua fábula de los gigantes y del origen divino de la gente Inca. Ahora bien, dicha gente blanca había tocado el Continente un siglo antes, como narra el quipu real, que la tribu de Tartaria, siguiendo sin embargo una vía marítima diferente, es decir del otro lado del mar, Gente del Norte. Cuando los de Tartaria se enfrentaron con la gente blanca mostraron una fuerza superior, al punto que exterminaron a casi toda. Los supervivientes se remitieron a la clemencia de los vencedores, los cuales así actuaban siempre con todos los pueblos que reconocían su superioridad. La inteligencia de esta gente del Antiguo Continente la llevó a fundir sangre y cultura con el fin de crear una nueva estirpe es aquellas tierras donde fue fundada la ciudad de Tumbez.”
Tras la lectura de este testimonio, se concluye que en el siglo XIII los tártaros habían acabado con los cien años de hegemonía que un grupo de europeos (“Gente del Norte”), habían ejercido previamente en aquellas tierras del Perú.
Este testimonio, podría tomarse a broma... si la documentación existente al otro lado del Atlántico, no corroborara lo recogido en el quipu inca. Y es que este periodo coincide con la aparición en Europa, de la leyenda de las Indias del Preste Juan.
Así, si los documentos Miccinelli datan la llegada de los europeos al Perú en el siglo XII, es precisamente en este siglo cuando irrumpe en Francia (1122), las primeras noticias sobre este legendario personaje. El obispo Odón de Reims, en su obra “De advente patriarchae Indorum...”, se hace eco de la visita del enigmático Preste Juan al Papa Calixto II, tras haber sido confirmado en su cargo por el emperador de Constantinopla.
En 1145, el obispo de Baviera Otto von Freisingen, en su enciclopedia “Monumenta Germaniae Historica”, señala que el papa Eugenio III había tenido noticias de que “un cierto Juan” , que tenía intención de conquistar Jerusalem.
En 1165, el monje francés Alberic de Trois Fontaines anuncia que el emperador de Bizancio Manuel Comneno, el emperador germano Federico I y el Papa Alejandro III, habían recibido cartas del “Prebístero Juan, rey de las Indias”, en las que explicaba las maravillas existentes en su reino y solicitaba embajadas a su corte.
A esta carta contestaría el papa Alejandro III el 27 de Septiembre de 1177, a través de una epístola dirigida a su “queridísimo hijo en Cristo Juan, ilustre y magnífico rey de los indios”. No existe ninguna duda sobre la autenticidad de dicha carta.
Este continuo intercambio epistolar, resuena en la carta que Toscanelli enviara a Cristóbal Colón, indicando que “ esta corte de Roma” tenía constancia de que los reyes y príncipes de aquellas regiones, estaban...
“ansiosos de tratar y comerciar con los cristianos de nuestros países, tanto porque parte de ellos son cristianos, como por conversar y tratar con hombres sabios y de ingenio de nuestras tierras sobre religión y las demás ciencias, debido a la gran fama de que disfrutan nuestros gobiernos y regímenes.”
...unas relaciones, también reconocidas por el propio Cristóbal Colón en la carta que escribiera antes de partir hacia el descubrimiento:
“por la información que yo había dado a Vuestras Altezas de las tierras de India y de un príncipe que es llamado Gran Can, que quiere decir en nuestro romance Rey de los Reyes, como muchas veces él, y sus antecesores habían enviado a Roma a pedir doctores en nuestra Santa fe porque le enseñasen en ella y que nunca el Santo Padre le había proveído, y se perdían tantos pueblos cayendo en idolatrías e recibiendo en sí sectas de perdición”
Sin embargo, el dato más significativo a la hora de establecer los vínculos existentes entre la leyenda del Preste Juan y lo recogido en el quipu inca de los documentos Miccinelli, se encuentra en el obra “Speculum historiale” del dominico Vicente de Beauvais.
En ella se señala que el Preste Juan era el emperador de la India, pero que los tártaros se habían rebelado guiados por su jefe Gengis Kan. El emperador mongol había atacado a David, hijo del Preste Juan, y asesinando a toda su familia. La única superviviente, su hija, había sido obligada a desposarse con el mongol, iniciándose un nuevo linaje.
Como pueden comprobar, los hechos coinciden. La obra ““Speculum historiale” , fue escrita en el año 1253 y por tanto, en el mismo siglo XIII en el que los documentos Miccinelli establecen que las gentes de Asia habían vencido a los europeos del Perú. Coincide también, la mezcla de sangre entre vencedores y vencidos, que supone el origen de los futuros reyes Incas.
A partir de esta fecha, no sólo se apagaría el dominio europeo sobre aquellas tierras del Perú, sino que además, en Europa la leyenda del Preste Juan se iría diluyendo bajo términos de evidente decepción. Así, en el propio “Libro de las Maravillas” de Marco Polo, se lee:
“Tras abandonar la provincia de Egrigaya se llega al oriente a la provincia de Tenduch, donde hay ciudades y muchas aldeas, en la que solía residir aquel gran rey de gran nombradía en todo el mundo que llamaban los latinos Preste Juan. Aquella provincia es tributarla del Gran Kan, aunque todavía reina allí uno de la estirpe de aquel monarca que aún se titula Preste Juan, cuyo nombre es Jorge. Todos los Grandes Kanes, después de la muerte de aquel rey que mató Chinchis en combate, han entregado sus hijas como esposas a aquellos soberanos. “
El Chinchis al que Polo hace referencia, es el mismísimo Gengis Kan. Es pues patente, que las fuerzas tártaras triunfantes en el Perú se consideraban parte del mayor imperio que haya conocido la historia de la humanidad: el mongol, un imperio que apunto estuvo de conquistar la propia Europa.
La duda surge entonces: ¿Gengis Kahn es un elemento mítico agregado a la leyenda del Preste Juan, o quizás las naves de este emperador alcanzaron realmente las costas americanas? De ser así...¿Es posible que esta sea la causa por la que el emperador mongol también es conocido como el “Señor de todos los Océanos”?
En su libro de las Maravillas, Marco Polo describía de la siguiente manera, los barcos del imperio chino del Kublay Kan, nieto de Gengis Kan:
“La parte tercera de nuestro libro contiene la descripción de la India; pero comencemos al principio por sus naves. Las naves con las que se surca el mar de la India son del siguiente porte: por lo general, son de pino, y tienen un sobrado, que entre nosotros se llama «cubierta», sobre el que se asientan camarotes o celdas en número de cuarenta, cada una de las cuales aloja cómodamente a un mercader; tiene también la nave un amplustre o gobernalle único, que en lengua vulgar se llama «timón»; asimismo está provista de cuatro mástiles y cuatro velas, pero dos de los mástiles susodichos están dispuestos de manera que se puedan poner y quitar sin dificultad.
Por otra parte, las tablas están clavadas y fijas dos a dos, y así, al ajustarse una tabla sobre otra, se dobla el forro del barco en todos sus costados. La nave se sujeta con clavos de hierro; también las tablas de la nave están clavadas por dentro y por fuera según la común usanza de nuestros marineros. Sin embargo, no están calafateadas con pez porque en aquellas regiones carecen de ella; en cambio pican y desmenuzan el cáñamo y lo mezclan con aceite de los árboles y con cal, y con este engrudo brean los navíos; es esta untura muy tenaz y excelente para este uso.Cualquier nao gruesa precisa de doscientos marineros poco más o menos, pero transporta por lo general seis mil sacos de pimienta. Tiene grandes remos y muchas veces va a boga; cualquiera de los remos necesita a su vez cuatro marineros. Tiene además la nave dos barcas grandes; unas son mayores que otras, pero cualquiera de ellas transporta mil sacos de pimienta y para su manejo y gobernación se requieren cuarenta marineros, con lo que a menudo va la nave a remolque de las barcas, que avanzan a vela o a remo según la ocasión.
Asimismo cuenta la nao con diez barcas pequeñas que llamamos bateles para la pesca, el anclaje y otros muchos menesteres náuticos. Todas estas barcas van atadas a los costados de la nave y se echan al agua cuando es preciso. A su vez, las barcas tienen igualmente bateles.Cuando la nao gruesa realiza un largo viaje por mar o navega durante un año completo necesita reparación, y sobre cada tabla de la nave primitiva se pone una tercera tabla por doquier, y se brea como se hizo al principio. Y esta operación se repite también otras veces hasta que, al final, cubren la nave seis hiladas de tablas.”
Estas naves eran pues, auténticos monstruos transoceánicos capaces de navegar durante todo un año. Para hacernos una idea de sus dimensiones, basta decir que su timón tenía más de diez metros de altura, casi la misma longitud que la carabela Niña, y que su eslora de 122 metros, eclipsaban los 26 metros de la Santa María, el barco principal de la armada de Cristóbal Colón. Ante barcos como estos... ¿Qué océano hubiese sido impedimento?
Y es que en Occidente tenemos una visión de la Historia excesivamente centrada en el Mar Mediterráneo, cuando el mundo es un lugar de océanos, de océanos en los que China aventajaba en varios siglos a Europa. Así, no es de extrañar que en una estela conmemorativa erigida en honor del almirante chino Zneg He (1371-1433), se lea:
“Todos los países que están más allá del horizonte y en los confines de la tierra se han hecho súbditos, y hasta los más occidentales de los países occidentales o los más septentrionales de los países septentrionales, por muy lejos que puedan hallarse.”
Efectivamente: en 1431, los chinos se consideraban los dueños del mundo.
Colón por tanto, no erró en su carta a Alejandro VI: había conquistado tierra firme de Asia, ya que las Indias del que Preste Juan, formaban parte de los dominios de este continente.
Pero este dominio, tendrían un inesperado y abrupto final, ya que siete años antes, el 7 de septiembre de 1424, el emperador Zhu Gaozhi forzado por la gravedad de los asuntos internos del imperio, había promulgado un edicto que borraba a China de los océanos y de la escena internacional:
“Se deben interrumpir los viajes de los barcos del tesoro (...). Si hay extranjeros que deseen regresar a su patria, se les proporcionará una pequeña escolta. Se ordena a los funcionarios que actualmente se encuentren en viaje de negocios por el extranjero que regresen de inmediato a la capital(...) y se ordena a todos aquellos a quienes se ha convocado para futuros viajes que regresen a sus hogares.
Se debe interrumpir inmediatamente la construcción y reparación de todos los barcos del tesoro(...) También se debe interrumpir todas las adquisiciones oficiales para expediciones al extranjero (...)”
Así, en palabras de Gavin Menzies, autor del libro “1421, El año que China descubrió el Mundo”:
“A finales de 1421 la historia de China quedaría marcada para los siglos venideros. El legado de Zhu Di, Zheng He y sus grandes flotas del tesoro sería casi borrado. Qué océanos había surcado, qué tierras habían visto, qué descubrimientos habían hecho o qué colonias habían creado eran asuntos que dejaron de interesar a la jerarquía china. Los barcos que habían realizado aquellos viajes se dejaron pudrir, y jamás serían reemplazados. Los diarios y registros se destruyeron, y en las décadas siguientes su recuerdo se borraría de una forma tan completa que parecería que nunca habían ocurrido.”
Y mientras esto acontecía... Roma “sabía”. Tenía que jugar rápido sus cartas. Los océanos habían quedado vacíos, era el momento. Miraron a Occidente y perdieron el Oriente : Constantinopla. El sacrificio valía la pena. Allí donde moría el sol, alumbraban riquezas. No había tiempo que perder, un Mundo estaba por ganar.
La Iglesia suelta entonces a sus reyes, por Católicos, a conquistar, y a sus “palomas” a evangelizar. Las míticas Indias salen de la leyenda y entran en la historia. Su Preste, encabezará la llegada de los europeos a sus costas:
“El Rey y la Reina, Nuestros Señores, cuando yo les serví con las Indias, digo serví, que parece que yo por la voluntad de Dios Nuestro Señor se las di, como cosa que era mía, puedo decir” (Testamento de Cristóbal Colón, Documento XC)
Tras siglos de silencio, Roma al fin, había atendido a las peticiones de sus múltiples embajadas.
«Alejandro obispo, y siervo de los siervos de Dios. Al queridísimo hijo en Cristo Fernando y a la queridísima hija en Cristo Isabel, ilustres reyes de Castilla, León, Aragón y Granada, salud y bendición apostólica.
(...) por voluntad divina y queriendo cumplir vuestro deseo, habéis enviado al amado hijo Cristóbal Colón con navíos y con hombres convenientemente preparados, y no sin grandes trabajos, peligros y gastos, para que a través de un mar hasta ahora no navegado buscasen diligentemente unas tierras remotas y desconocidas.
Éstos, navegando por el mar océano con extrema diligencia y con el auxilio divino hacia occidente, o hacia los indios, como se suele decir, encontraron ciertas islas lejanísimas y también tierras firmes que hasta ahora no habían sido encontradas por ningún otro, en las cuales vive una inmensa cantidad de gente que según se afirma van desnudos y no comen carne y que -según pueden opinar vuestros enviados- creen que en los cielos existe un solo Dios creador, y parecen suficientemente aptos para abrazar la fe católica y para ser imbuidos en las buenas costumbres, y se tiene la esperanza de que si se los instruye se introduciría fácilmente en dichas islas y tierras el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo.” ( Bula Inter- Caetera del Papa Alejandro VI (1493)
“ navegando (...) hacia occidente, o hacia los indios, como se suele decir” ¿A caso no era el Preste Juan el “ilustre y magnífico rey de los indios”?
Nunca imaginó el desventurado rey-sacerdote llamado Cristóbal Colón... que al final de sus días, todo le sería arrebatado:
“ahora al cabo de mi vida fui despojado de mi honra y de mi hacienda sin causa, y en ello no se tuvo ni justicia ni misericordia.” (Cristóbal Colón, Documento XLII)
El error fue suyo. Quizás infravaloró las palabras que siglos antes dirigiera el papa Alejandro III al Preste Juan, advirtiendo que...
"Cuanto con mayor sublimidad y majestad te comportes y cuando menos te enorgullezcas de tus riquezas y de tu poder, tanto más Nos sentiremos proclive”
o quizás simplemente tuvo que plegarse a los deseos de la Iglesia que en la misma carta, advertía que como Vicario de Cristo en la Tierra, únicamente los pontífices tenía el poder del mundo (Dominium Orbis) al haberles sido concedidas las llaves del Cielo y de la Tierra, y por tanto, el poder atar y decidir sobre ellos.
domingo, 3 de marzo de 2013
VESPUCIO, GIOCONDO Y COLÓN.
Según la historia, Américo Vespucio llegó a España como responsable de los negocios y finanzas de la familia Médici en Sevilla. Allí, debía verificar la credibilidad del gran comerciante Juanoto Berardi (también florentino), y nombrarlo representante de Lorenzo de Pier Francesco Medici, el Popolano.
Sin embargo, la amistad entre Colón y Vespucio continuaría..., aunque en un escenario totalmente diferente.
"Curiosidades" del...¿ destino?. Juanoto Berardi desde un principio fue el socio inseparable de Cristóbal Colón en los asuntos de Indias.
No es pues de extrañar, que pronto se estableciera una fructífera relación comercial entre Colón, Berardi y Vespucio, basada sobre todo en el tráfico de esclavos indios, un negocio que también repercutiría abundantemente en los representados: los Médicis, banqueros de la misma Iglesia que según Maquiavelo, había "abierto el camino para procurarse dinero."
Pero la vida da muchas vueltas y en 1495 el naufragio de una importante flota y la muerte de Berardi, desencadenaron la ruina y quiebra de la compañía comercial. Esto es al menos lo que dicen los entendidos, pero si tenemos en cuenta que precisamente en ese año los Médicis fueron expulsados de Florencia por los favores concedido al conquistador francés Carlos VIII , es fácil establecer que la causa última puede deberse a que los infortunios de la cúspide, quebraron los cimientos del lucrativo negocio.
Sin embargo, la amistad entre Colón y Vespucio continuaría..., aunque en un escenario totalmente diferente.
Así, en el año 1503, el año en que Leonardo comenzó a pintar la Gioconda, un Colón ya totalmente desacreditado, abordaba enfermo, su cuarto y último viaje.
El antes gestor Américo Vespucio, aparece entonces convertido en el gran marino que anunciara la existencia de un Nuevo Mundo a través de su correspondencia con Lorenzo de Pier Francesco Medici (El Popolano), su señor.
El Médici moría ese mismo tras haber sido exculpado de la sospecha de querer apoyar a César Borgia en una eventual conquista de Florencia. Junto a él abandonaría este mundo Alejandro VI, iniciándose la decadencia de los Borgia. Se cerraba así un ciclo.
Pero centrémonos ahora en la carta que Vespucio enviara a Lorenzo de Pier Francesco Medici anunciando la existencia del Nuevo Mundo.
En la próxima entrada abordaremos su contenido, pero ahora vayamos al final de la misiva. En ella se señala:
"El intérprete Iocondo" . El intérprete Giocondo traduce para aquellos que..."quieren investigar y saber más que lo que es lícito." Iocondo-Ioconda. Giocondo-Gioconda. ¿Es posible que el Giocondo traductor de la carta tenga algún tipo de relación con Bartolomé Giocondo, el marido de la "Gioconda"?
En su "Navegación Tercera", Vespucio señala:
Del texto se deduce que muy posiblemente sea este Julián Bartolomé conocido por Vespucio, el "Iocondo" traductor de la carta, aunque importantes especialistas también señalan a Fray Giovanni Giocondo, veronés, como su artífice.
Pero al margen de esta discusión, exista uno o dos "Iocondos" en la vida de Vespucio, dos aspectos destacan de Julián Bartolomé: en primer lugar, que su residencia habitual no era Lisboa, y en segundo, que debía de tener gran influencia sobre el navegante, ya que triunfó donde el monarca luso había fracasado, e impuso su deseo sobre los que le "conocían".
Y no es de extrañar. La familia florentina de los Giocondo compartía con los Médicis importantes y estrechos vínculos económicos y políticos, por lo que obviando un más que posible lazo afectivo, el ascendente que Julián Bartolomé Giocondo parece ejercer sobre el marino, es comprensible, ya que ambos compartirían y servían a los mismos intereses.
Dilucidar el grado de parentesco que unió a este Julián Bartolomé Giocondo con el marido de Lisa Gherardini, Francesco Bartolomé Giocondo, no es posible, pero lo que sí es evidente es que los apellidos Vespucio y Giocondo no sólo se encuentran ligados en las anotaciones del libro de Cicerón, sino también en la carta del Nuevo Mundo. Una misiva enviada precisamente..., al Médici acusado de colaborar con los Borgia.
Y aquí está otra vez Roma... ¡ siempre Roma!. Una y otra vez, nos iremos topando siempre, con el mismo círculo de influencia.
Así, si Vespucio era el hombre de los Médicis en España, el de Roma no era otro que el mismísimo Cristóbal Colón:
Un hecho que se evidencia cuando enfermo y consciente de que su vida tocaba fin, rogara a los Reyes Católicos:
Y es que todo en Colón, apunta al Vaticano. Así, otro de sus íntimos sería Pedro Mártir de Anglería. El Almirante le escribía con frecuencia y se tiene la seguridad de que le facilitó papeles de entidad. Este insigne humanista lombardo, residió en Roma desde 1471 hasta 1487, año en el que se trasladó a España como testigo de la cruzada en Granada. El propio Anglería, señalaría que había gozado...
En sus "Décadas del Nuevo Mundo" narró, a medida que se desarrollaban los acontecimientos de España y el Nuevo Mundo, información que remitía a personas prominentes como Ascanio Sforza (su hermano Ludovico, también sería mecenas de Leonardo da Vinci en Milán), y dedicaba a los Pontífices Romanos. Así, fue definido por Menéndez Pelayo como:
Sorprende sin embargo a los entendidos, que para referirse al descubridor use el apelativo: " un tal Colón", a pesar de su trato íntimo. A nosotros no debe sorprendernos, porque sabemos que Colón o Colombo no eran sus apellidos reales, un hecho que evidentemente Anglería también debía saber: de ahí el "tal".
Pero no nos alarguemos más en este punto, y retomemos la temática de esta entrada. Establezcamos los lazos afectivos y colaboradores que unieron a Américo Vespucio con Cristóbal Colón, a través de las palabras que el propio Almirante escribiera a su hijo Diego:
Colón no lo sabía ( "... no sé para lo que allá le quieren"), pero la razón por la que Vespucio fue llamado a la Corte, fue para otorgarle su carta de naturaleza.
Así, mientras la luz de Colón se apagaba (nunca más volvió a ser recibido en la Corte), Vespucio comenzó una carrera ascendente que le llevaría a ser nombrado primer piloto mayor de la Casa de Contratación. No le vio el Almirante encumbrado hasta esos extremos, ni tampoco supo que por una siniestra jugada del destino, el nombre de su amigo sería aquel con el que la posteridad conocería el continente que él había descubierto.
Sea como fuere, lo que queda patente en esta epístola, no es sólo el aprecio, sino también el secretismo de la relación:
Un secretismo, también patente en escritos de Vespucio...
que mantuvo oculta a América durante...siglos, mientras una élite privilegiada extraía de ellas riquezas.
Curiosa resulta también esta frase de Vespucio:
ya que demuestra que el marino estaba lejos de sospechar que ese Nuevo Mundo por él anunciado, iba a llevar su nombre, algo por otro lado lógico, ya que hasta 1504 el nombre del marino fue Alberico Vespucio.
Este es precisamente, el apelativo que aparece en el título de la carta del "Nuevo Mundo"...
hasta que el 4 de Septiembre de 1504, el florentino rubrica como Amérigo en la segunda carta que enviara a su amigo de estudios y juventud, Soderini. De este apelativo hace uso Cristóbal Colón en su misiva.
Amérigo= América, es la ecuación según la historia. Yo, sin embargo... me atrevo a invertir el orden: América=Amerigo.
La razón ..., en la próxima entrada.
En la próxima entrada abordaremos su contenido, pero ahora vayamos al final de la misiva. En ella se señala:
" El intérprete Iocondo ha traducido esta epístola de la lengua española a la romana, para que los latinos entiendan cuántas admirables cosas en el viaje se encuentran y se abata la audacia de aquellos que del cielo y de la majestad quieren investigar y saber más que lo que es lícito, ya que desde tanto tiempo que el mundo ha comenzado, no se ha descubierto la grandeza de la tierra y de lo que en ella contiene."
"El intérprete Iocondo" . El intérprete Giocondo traduce para aquellos que..."quieren investigar y saber más que lo que es lícito." Iocondo-Ioconda. Giocondo-Gioconda. ¿Es posible que el Giocondo traductor de la carta tenga algún tipo de relación con Bartolomé Giocondo, el marido de la "Gioconda"?
En su "Navegación Tercera", Vespucio señala:
"El rey, conociendo que yo no podía por entonces ir a su corte, volvió a enviarme a Julián Bartolomé Iocondo, que a la sazón residía en Lisboa, con encargo de que a todo trance me llevase consigo. Con su venida y la fuerza de sus ruegos, me vi precisado a emprender camino a aquella corte, reprobando mi resolución todos los que me conocían."
Del texto se deduce que muy posiblemente sea este Julián Bartolomé conocido por Vespucio, el "Iocondo" traductor de la carta, aunque importantes especialistas también señalan a Fray Giovanni Giocondo, veronés, como su artífice.
Pero al margen de esta discusión, exista uno o dos "Iocondos" en la vida de Vespucio, dos aspectos destacan de Julián Bartolomé: en primer lugar, que su residencia habitual no era Lisboa, y en segundo, que debía de tener gran influencia sobre el navegante, ya que triunfó donde el monarca luso había fracasado, e impuso su deseo sobre los que le "conocían".
Y no es de extrañar. La familia florentina de los Giocondo compartía con los Médicis importantes y estrechos vínculos económicos y políticos, por lo que obviando un más que posible lazo afectivo, el ascendente que Julián Bartolomé Giocondo parece ejercer sobre el marino, es comprensible, ya que ambos compartirían y servían a los mismos intereses.
Dilucidar el grado de parentesco que unió a este Julián Bartolomé Giocondo con el marido de Lisa Gherardini, Francesco Bartolomé Giocondo, no es posible, pero lo que sí es evidente es que los apellidos Vespucio y Giocondo no sólo se encuentran ligados en las anotaciones del libro de Cicerón, sino también en la carta del Nuevo Mundo. Una misiva enviada precisamente..., al Médici acusado de colaborar con los Borgia.
Teniendo en cuenta la temática "oculta" de la Gioconda, no deja de ser curioso que uno de los textos precolombinos de contenido religioso más importante que hoy se conservan, sea precisamente el Grupo Borgia.
Este importante grupo de documentos indígenas debe su nombre a uno de los códices que lo componen, el Códice Borgia, manuscrito mesoamericano de contenido ritual y adivinatorio que tras haber formado parte de las posesiones del cardenal Stefano Borgia (1731-1804), fue redescubierto por Alexander von Humboldt en el Vaticano.
Y aquí está otra vez Roma... ¡ siempre Roma!. Una y otra vez, nos iremos topando siempre, con el mismo círculo de influencia.
Así, si Vespucio era el hombre de los Médicis en España, el de Roma no era otro que el mismísimo Cristóbal Colón:
"Beatissime Pater :
Luego que yo tomé esta empresa y fui a descubrir las Indias, propuse en mi voluntad venir personalmente a Vuestra Santidad con la relación de todo; (...)
El Rey y la Reina , mis Señores, me reenviaron aprisa a la empresa para descubrir y ganar todo, y así no pudo tener efecto mi venida a Vuestra Santidad (...)
(...) Gozara mi ánima y descansara SI AHORA AL FIN PUDIERA VENIR A VUESTRA SANTIDAD CON MI ESCRITURA, LA CUAL TENGO PARA ELLO, QUE ES EN LA FORMA DE LOS COMENTARIOS Y USO DE CÉSAR, en que he proseguido desde el primer día hasta ahora, que se atravesó que yo haya de hacer en nombre de la Santa Trinidad viaje nuevo, el cual será a su gloria y honra de la Santa Religión Cristiana. La cual razón me descansa y hace que yo no tema peligros ni me de nada de tantas fatigas y muertes que en esta empresa yo he pasado con tan poco agradecimiento del mundo. Y espero de Aquel Eterno la victoria de esto como de todo el pasado. Y cierto, sin ninguna duda después de vuelto aquí NO SOSEGARÉ HASTA QUE VENGA A VUESTRA SANTIDAD CON LA PALABRA Y ESCRITURA DE TODO, el cual es magnánimo y ferviente en la honra y acrecentamiento de la Santa fe cristiana."
(Texto LIX, Febrero de 1502, Carta de Cristóbal Colón al Papa Alejandro VI)
Un hecho que se evidencia cuando enfermo y consciente de que su vida tocaba fin, rogara a los Reyes Católicos:
“Yo vine a vuestras Altezas con sana intención y buen celo, y no miento. Suplico humildemente a Vuestras Altezas que, si a Dios place sacarme de aquí, QUE TENGAN POR BIEN MI IDA A ROMA Y OTRAS ROMERÍAS...Cuya vida y alto estado la Santa Trinidad guarde y acreciente."
(Texto LXIV, Relación a los Reyes del Cuarto Viaje (1503), Cristóbal Colón)
Y es que todo en Colón, apunta al Vaticano. Así, otro de sus íntimos sería Pedro Mártir de Anglería. El Almirante le escribía con frecuencia y se tiene la seguridad de que le facilitó papeles de entidad. Este insigne humanista lombardo, residió en Roma desde 1471 hasta 1487, año en el que se trasladó a España como testigo de la cruzada en Granada. El propio Anglería, señalaría que había gozado...
"de Roma por espacio de diez años en los tiempos de Sixto IV e Inocencio VIII; llamándome la atención la fama de las guerras de Granada, me trasladé a España, y al venir a Roma, recorrí el resto de Italia" (Décadas del Nuevo Mundo)
En sus "Décadas del Nuevo Mundo" narró, a medida que se desarrollaban los acontecimientos de España y el Nuevo Mundo, información que remitía a personas prominentes como Ascanio Sforza (su hermano Ludovico, también sería mecenas de Leonardo da Vinci en Milán), y dedicaba a los Pontífices Romanos. Así, fue definido por Menéndez Pelayo como:
"Corresponsal asiduo de Papas, cardenales, príncipes, magnates y hombres de letras, ofrece en su persona uno de los más antiguos y señalados tipos del periodismo noticiero".
Bartolomé de las Casas, principal defensor del descubridor, sentenciaría:
"De los que escribieron acerca de estas primeras cosas, a ninguno se debe dar más fe que a Pedro Mártir, que escribió en latín sus Décadas, estando aquellos tiempos en Castilla, porque lo que en ellas dijo tocante a los principios, fue con diligencia del mismo Almirante, descubridor primero, a quien habló muchas veces (...)"
Sorprende sin embargo a los entendidos, que para referirse al descubridor use el apelativo: " un tal Colón", a pesar de su trato íntimo. A nosotros no debe sorprendernos, porque sabemos que Colón o Colombo no eran sus apellidos reales, un hecho que evidentemente Anglería también debía saber: de ahí el "tal".
Pero no nos alarguemos más en este punto, y retomemos la temática de esta entrada. Establezcamos los lazos afectivos y colaboradores que unieron a Américo Vespucio con Cristóbal Colón, a través de las palabras que el propio Almirante escribiera a su hijo Diego:
"Muy querido hijo: Diego Méndez partió de aquí el lunes III de este mes. Después de partir, hable con Américo Vespuchi, portador de esta (carta), el cual va allá llamado sobre cosas de navegación. Él siempre tuvo deseo de complacerme, es hombre de mucho bien; la fortuna le ha sido contrario como a otros muchos. Sus trabajos no le han aprovechado tanto como la razón requiere. Él va de mi parte y con mucho deseo de hacer cosa que redondee en mi bien, si en sus manos está. Yo no sé aquí que mandarle que a mí aproveche, porque no sé para lo que allá le quieren. El va determinado a hacer por mí todo lo que a él le sea posible. Mira allí en que puedes ayudar y trabaja por ello, que él lo hará todo y hablará y lo pondrá en obra, y sea todo secretamente, para que no haya de él sospecha. Yo , todo lo que se haya podido decir con respecto a esto, se lo he dicho e informado del pago que a mí se me ha hecho y hace. Esta carta es también para el señor Adelantado, para que vea en que puede ayudar y le avise de ello. Crea Su Alteza que sus navíos fueron a lo mejor de las Indias y lo más rico. Y si queda algo por saber aparte de lo dicho, yo lo satisfaré allí por palabra, porque es imposible decirlo por escrito. Nuestro Señor se aya en su santa guardia. Fecha en Sevilla a V de Febrero. Tu padre que te ama más que a sí"
(Texto LXXXIII, Carta de Cristóbal Colón, 5 de Febrero de 1505)(En este caso he modificado el castellano antiguo para hacer el texto más comprensible)
Colón no lo sabía ( "... no sé para lo que allá le quieren"), pero la razón por la que Vespucio fue llamado a la Corte, fue para otorgarle su carta de naturaleza.
Así, mientras la luz de Colón se apagaba (nunca más volvió a ser recibido en la Corte), Vespucio comenzó una carrera ascendente que le llevaría a ser nombrado primer piloto mayor de la Casa de Contratación. No le vio el Almirante encumbrado hasta esos extremos, ni tampoco supo que por una siniestra jugada del destino, el nombre de su amigo sería aquel con el que la posteridad conocería el continente que él había descubierto.
Sea como fuere, lo que queda patente en esta epístola, no es sólo el aprecio, sino también el secretismo de la relación:
"...sea todo secretamente, para que no haya de él sospecha."
Un secretismo, también patente en escritos de Vespucio...
“Observé el maravilloso artificio de sus movimientos, y su grandeza, tomando el diámetro de sus círculos y dibujándolas con figuras geométricas, y anoté otros movimientos de los cielos. ESCRIBIR SOBRE ESTO SERÍA PELIGROSO. Todas las cosas notables de este viaje que me ocurrieron, las he reunido en una obrita mía. Cuando esté en sosiego me ocuparé de ella y así dejaré de mí, después de mi muerte, alguna fama”
que mantuvo oculta a América durante...siglos, mientras una élite privilegiada extraía de ellas riquezas.
Curiosa resulta también esta frase de Vespucio:
"Cuando esté en sosiego me ocuparé de ella y así dejaré de mí, después de mi muerte, alguna fama”
ya que demuestra que el marino estaba lejos de sospechar que ese Nuevo Mundo por él anunciado, iba a llevar su nombre, algo por otro lado lógico, ya que hasta 1504 el nombre del marino fue Alberico Vespucio.
Este es precisamente, el apelativo que aparece en el título de la carta del "Nuevo Mundo"...
"Mundus novus. Albericus Vesputius Laurentio Petri de Medici salutem plurimam dicit"
hasta que el 4 de Septiembre de 1504, el florentino rubrica como Amérigo en la segunda carta que enviara a su amigo de estudios y juventud, Soderini. De este apelativo hace uso Cristóbal Colón en su misiva.
Amérigo= América, es la ecuación según la historia. Yo, sin embargo... me atrevo a invertir el orden: América=Amerigo.
La razón ..., en la próxima entrada.
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